Daily Life

De autocuidado y amor propio

January 18, 2019

¿Quién te va a cuidar? En este mundo peligroso, tenemos que estar juntos. ¿Quién detendrá a la turba iracunda si no estoy con vos, nena? Con este magnetismo que sigue bajando, nena.

Así parte “El Magnetismo”, canción de El mató a un policía motorizado. Mientras le doy repeat pienso ¿quién me va a cuidar? ¿quién me va a defender de esa turba iracunda? y la respuesta llega sola: yo misma. Yo misma debo cuidarme, yo misma debo protegerme. Y es que ese cuidado y autosuficiencia no tiene que ver con falta de humildad o desconfianza, sino de un profundo amor propio que todos deberíamos tener, o intentar al menos cultivar.

Desde que los planes del 2019 son mudarse a Seoul de una forma más o menos definitiva, me puse a pensar en cada una de las cosas que debo mejorar para irme sana. Digo sana física pero también espiritualmente. Los que me conocen, saben que tiendo a somatizar todas mis penas, rabias y bajones de ánimo repentinos, generando dolores de cabeza y ataques al colon que me dejan sin poder moverme. También anduve con insomnio y pesadillas. Al final, fue un cúmulo de cosas que me tenían muy “deprimida” y con pocas ganas de actuar.

En base a esto, y considerando lo álgido del año, en algún momento de finales del 2018 me propuse hacer un decálogo de las cosas que me hacen feliz. Pasear por santiago, leer un libro, escuchar música, tomar café, amar a mi pololo, familia, amigos y perro. Cosas simples, rutinarias y cotidianas que dan alegría.

Amor propio resumido en piel suave

En algún momento de mi vida pretendí buscar alegrías en el estar siempre moviéndome, saliendo, inventándome panoramas, entonces, cuando al final del día me encontraba sola, me terminaba sintiendo miserable, abandonada y víctima de mi propia mente.

Recuerdo una conversación que tuvimos con Jin donde él me comentaba que “hay gente a la que le gusta sentir tristeza, quizás estás siendo una de esas personas en este momento” y claro, es rudo cuando te dejan caer información tan certera sobre ti misma sin incluso haberlo analizado. Porque sí, me era cómodo estar triste, me era cómodo andar en un constante “blue monday” y me era cómodo auto sabotearme y auto agredirme mentalmente.

Luego de pensar todo esto, y de vivir en un profundo auto análisis durante mis 27 años de vida, de escribir mis rabias y penas, leerlas, volverlas a escribir y leerlas nuevamente, comencé a cambiar el juego y comencé a enumerar cada una de las cosas que no estaba haciendo bien y que podía intentar mejorar:

1. No estar tanto tiempo conectada a redes sociales.
2. Dejar de compararme.
3. Comenzar a moverme cuando tengo pena.

Suena fácil pero no lo es, y al final, este proceso que está terminando durante estos días, ha sido de más de un año y es posible gracias al entorno. Porque claro, una nunca hace todas estas cosas sola.

Como ejemplo básico, les cuento que yo me mordí las uñas por más de 15 años. Era la forma que tenía para liberar ansiedad. Al final, me daba vergüenza mostrar mis manos y siempre las escondía cuando estaba con alguien, incluso para las fotos. A principios del 2018, llegué donde Carla (les dejo su instagram) porque encontré que el trabajo que hacía era bello y quería sentirme así de bella. Hoy por hoy, intento ir una vez al mes a algo que puede parecer básico pero que me da un poco más de seguridad en mi misma.

Lo bonito de amigos como Carla, es que siempre tienen palabras de aliento que no son complejas. Algo así como “ya córtala y vamos a tomar un café”. Esa clase de “des-complicación” siempre es buena para personas tan densas como yo.

Últimamente he vuelto a leer más, a cuidar lo que como e incluso a abandonar el eterno negro y probarme ropa de otros colores, con otros estampados y diseños. Sé que suena básico, pero me ha ayudado a tener una mejor imagen de mi misma y así, retomar una seguridad que estaba perdidísima en el espacio tiempo.

Así que eso, creo que es bueno cuidarse y quererse aunque cueste, aunque se parta por cosas pequeñas, aunque los cambios parezcan superficiales. Al final, cada uno de nosotros sabe perfectamente lo que necesita, y mientras no dañe a nadie ¿por qué no hacerlo?

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