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Haruki Murakami, o cómo ser un hermoso cliché

December 13, 2018

Mientras busco citas que reflejen la importancia de Murakami en mi vida, me pongo a llorar. Lloro de verdad, lloro en mi escritorio y en mi oficina. Comienzo a leer esto y lloro:

“Soy libre”, me digo. Cierro los ojos y, durante unos instantes, pienso que soy libre. Pero no acabo de entender qué significa. En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiese perdido la brújula y el mapa. ¿Consistirá en esto la libertad? Ni siquiera lo sé.

Y estoy así hace media hora. Estática, temerosa, sin saber cómo enfrentarme a este autor cliché al que amo tanto. Y en esa cita, Kafka Tamura, personaje principal de 海辺のカフカ (Kafka en la orilla), dice que está solo.

Y quién no lo está.

Me declaro una incompetente para abordar todos los libros del nipón por varias razones: no los he leído todos (porque son muchos), algunos ya los tengo en el olvido pero, la razón más importante, es que los asocio con procesos personales indescriptibles. Sí, esa clase de autor es Murakami.

Edición Japonesa de Afterdark que encargué porque era bonita.

Me ha pasado, que leyendo una noche entera alguno de sus textos, logro encontrar un tipo de claridad mental que se desvanece al llegar la mañana, y entonces, con esa prisa propia de las cosas que uno hace a las cuatro de la mañana, busco un papel y un lápiz para escribir cuáles son las sensaciones que me provoca. Y son variadas. Miedo, incertidumbre, exaltación, excitación, amor, deseo, asco. Sí, entre esos personajes que repiten características y estilos de vida me he ido enamorando y desenamorando. Tengan 15, 19 o 50 años. Todos hijos únicos, todos solitarios, todos fumadores, todos amantes del jazz. Mujeres fuertes, sensuales, sexuales y salvajes. Ese tipo de personaje al que uno adora.

– ¿Diluirse?
– Es decir, que cuando tú estás en el bosque, tú eres, sin fisuras, parte del bosque. Cuando estás bajo la lluvia, tú eres, sin fisuras, parte de la lluvia que cae. Cuando estás inmerso en la mañana, tú eres, sin fisuras, parte de la mañana. Cuando estás delante de mí, tú eres parte de mí. De eso se trata, explicado de una manera fácil de entender.

En las más de 17 novelas, libros de cuentos, entrevistas y ensayos leídos, encontré respuestas, me dieron ganas de tener un gato y amé aún más el otoño. Me planteo cada día la posibilidad de comenzar a correr alejándome de la cultura del runner, y guardo listas de spotify que un buen ser humano hizo con todas las canciones mencionadas en sus obras. Sus libros me hicieron viajar a Japón, y volver sin esas respuestas que tanto añoré.

Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía.

Y he sido Kafka Tamura, y he sido Tsukuru Tazaki, y también, inevitable y dolorosamente, me he visto reflejada en Hajime… e intenté ser Shimamoto sin grandes resultados. He deseado vivir esas vidas en extremo apasionadas sin aprensiones laborales, y sentarme una mañana entera a mirar por la ventana tomando un café (ouch, eso ya lo he conseguido).

Edición de “La Librería Secreta” que pillé en NY. La amo mucho.

Y en este año, donde la carrera ha sido en extremo rápida y a veces creo ganar y otras perder, solo puedo pensar en esta frase:

En resumen, lo que tú no quieres es que yo siga adelante, ¿verdad? ¿No es cierto? Eso lo sé incluso yo. Lo preveía. Tú no quieres que prosiga. Pero yo, sin embargo, quiero avanzar. Y, si me preguntas por qué, pues te diré que es porque ésta es una de esas ocasiones que no se presentan todos los días. Y no quiero dejarla escapar. Porque ésta es una de esas oportunidades que se dan una sola vez en la vida.

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2 Comments

  • Reply
    Evaristo
    December 19, 2018 at 1:02 pm

    También es un maestro que sabe mentir sobre él mismo. Como cuando dice en “De qué hablo cuando hablo de correr” que él no es uno de los grandes de la literatura porque no tiene un gran talento.

    • Coosmia
      December 21, 2018 at 10:45 am

      Hay mucho de eso dando vueltas. Él mismo y otros críticos asumen que es un escritor lleno de lugares comunes, personajes repetidos y así un largo etcétera. Parece estar marcado también por la imposibilidad de ganarse el nobel. Quien sabe. Recuerdo eso sí, que quedé muy marcada con el relato de “salirse del cuerpo” cuando corrió la megamaratón y lo relató en “De qué hablo cuando hablo de correr”. Creo que fue lo que más me marcó de ese texto. Saludos, Evaristo!

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